Cuando la pausa también es gracia
El día en que mis palabras se quedaron bloqueadas

Duré dos días sin poder ingresar a mi cuenta de correo. Por alguna extraña razón la contraseña era rechazada. No me dejaba solicitar una clave para asignar una nueva. Nada funcionaba. Estaba cansada, preocupada y triste.
No solo perdí el acceso a los mensajes; perdí el acceso a la nube donde guardo todos mis documentos, fotos, capítulos de un libro que he estado escribiendo desde hace algún tiempo, artículos que quiero publicar en mi blog y otros proyectos en los que estoy trabajando. Todo, absolutamente todo, estaba fuera de mi alcance, a una contraseña de distancia.
Te mentiría si te digo que mantuve la calma y que la paciencia estuvo conmigo. No fue así. Lloré como una niña pequeña; me sentía impotente. Me costó trabajo reconciliar el hecho de que Dios permite todas las cosas para nuestro bien. ¿Qué bien podría haber en el hecho de que todo mi trabajo de años estuviera en carpetas a las que no podía acceder?
Tuve que cancelar dos entrevistas para el podcast. Alejarme del ordenador durante dos días, porque no podía concentrarme en nada. Muchas preguntas llegaron a mi corazón: ¿cómo voy a solucionar esto? ¿Y si lo pierdo todo? ¿Y si tengo que solicitar una revisión y se demora cuatro semanas en llegar la respuesta? ¿Qué voy a hacer?
Mi corazón estaba dolido y confundido, preocupado y ansioso. Sin embargo, algo dentro de mí mantenía la esperanza. “Dios esta permitiendo esto por alguna razón”, me decía. Tal vez necesitaba descansar, tomar una pausa, alejarme de la ocupación constante y orar.
Te confieso que me costó trabajo soltar el control. Esperar más de veinticuatro horas para volver a intentar y confiar en que, al final del día, todo sería una experiencia de la cual aprender.
Lecciones que aprendí en estos dos días:
- No necesito sufrir sola
Cuando vi cómo estaba respondiendo ante esta crisis —que, por cierto, se suma a otras con las que llevo algún tiempo lidiando —, lo primero que vino a mi mente fue pedir oración. Les escribí a algunas amigas y hermanas en la fe, al grupo de mujeres de la iglesia y a los grupos de mujeres con las que tengo el privilegio de escribir.
Recibí mensajes privados con oraciones y palabras de ánimo. Me sentí acompañada y amada. Vi cómo el Cuerpo de Cristo se dolió con mi dolor y me acompañó en mi momento de necesidad.
A todas las personas que me acompañaron en este momento, solo puedo decirles: ¡GRACIAS! Me emocionó ver la manera en que Dios movió sus corazones y sus manos para apoyarme.
«Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él».
1 Corintios 12:26
«Lleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo».
Gálatas 6:2
- No tengo el control de nada (y eso está bien)
Esta experiencia me recordó algo que ya sabía, pero que aparentemente había olvidado: Aunque a veces creo tener todo bajo control, la realidad es que la tecnología, las herramientas, las plataformas y todo lo que doy por sentado, pueden fallar en cualquier momento. Por lo tanto, mi seguridad y mi paz no pueden descansar en eso.
Estos dos días me recordaron que necesito confiar en Dios, soltar el control, reconocer que tengo límites, depender de Él y confiar en Su propósito en medio de lo que permite en mi vida.
«Encomienda al Señor tu camino, Confía en Él, que Él actuará».
Salmo 37:5
«Confía en el Señor con todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, Y Él enderezará tus sendas».
Proverbios 3:5-6
- Necesito aprender a hacer pausas
Tal vez llevaba tiempo funcionando en automático, ocupada como Marta, sin detenerme; quizá ocultándome detrás del activismo para no tener que lidiar con mis pensamientos y emociones.
He estado tanto tiempo trabajando en mi hogar, haciendo cosas con mi familia, escribiendo, produciendo, organizando, grabando, editando y cumpliendo con mis propias metas, que no me tomaba el tiempo para descansar. Siempre un nuevo proyecto, siempre diciendo que sí a otros, siempre buscando la manera de sentirme útil en el servicio a Dios.
Así que, Dios me hizo detenerme en seco. Me hizo alejarme del ordenador porque era necesario para el bien de mi alma. En el silencio y la pausa, Dios me recordó que mi valor no depende de lo que produzco, sino de quién soy en Él.
«Y Él les dijo: “Vengan, apártense de los demás a un lugar solitario y descansen un poco”».
Marcos 6:31
«El Señor le respondió: “Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero una sola cosa es necesaria”».
Lucas 10:41
- Lo que hago es importante, pero no es mi identidad
Estos dos días me hicieron ver que, si por alguna razón no pudiera hacer lo que hago, seguiré siendo amada por Dios, seguiré siendo Su hija. Mi identidad no depende de lo que hago. Perder mis escritos no es perder mi identidad. Sí, es trabajo, tiempo pensando, organizando y procesando no solo palabras en un teclado, sino también ideas en mi cabeza. Pero si perdiera el acceso a mis documentos, tendría que volver a empezar, y podría hacerlo, porque lo que Dios me ha dado —las palabras, la creatividad y la inspiración—no van a desaparecer de mi vida debido a un problema técnico.
Soy Su hija y esa, sin lugar a duda, es mi identidad.
«Miren cuán gran amor nos ha otorgado el Padre: que seamos llamados hijos de Dios».
1 Juan 3:1
- Dios sigue presente en medio del caos
Aunque a mí esta situación me tomó por sorpresa, estoy segura de que a Dios no. Aunque me encontraba agotada y confundida, tenía la certeza de que Dios estaba a mi lado. Él sabía lo que estaba pasando y obraría a Su manera y a Su tiempo para calmar mi corazón y ayudarme a recuperar el gozo y la esperanza.
Dios estuvo presente en medio de mi dolor. Me sostuvo, me enseñó y me habló por medio de Su Palabra, del mensaje del pastor en la iglesia y de las hermanas que me apoyaron y me recordaron verdades eternas en medio de mi tiempo de espera.
Hoy, cuando el problema ya se ha solucionado, puedo decir que estos dos días sin acceso a mi cuenta ni a mis documentos me recordaron que lo que Dios me ha dado —las palabras, el llamado, la fe y mi identidad— no dependen de sistemas que fallan, sino de un Dios que permanece.
Aun si no hubiera recuperado mi cuenta ni mis documentos, Dios seguiría siendo mi refugio, mi gozo, mi esperanza, mi proveedor y, por supuesto, mi lugar seguro. Hoy elijo confiar más, soltar el control un poco más y caminar con la certeza de que incluso en los momentos de pausa, Dios está mostrándome Su gracia y enseñándome a confiar y a descansar en Él.
«Dios es nuestro refugio y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios, Y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares».
Salmo 46:1-2
«Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito».
Romanos 8:28
Una invitación para ti
Si hoy te sientes bloqueada, confundida y desanimada por la situación que estás atravesando, quiero invitarte a descansar en Dios; a entregarle aquello que no puedes controlar, a pedir ayuda; a no sufrir sola; a confiar en el propósito soberano de un Dios maravilloso que te ama y tiene en mente lo mejor para tu vida.
Sé que no es fácil, pero te garantizo que, cuando confías en Dios y descansas en la realidad de que Él está obrando para formar en ti el carácter de Cristo, puedes enfrentar los desafíos y las pruebas con una fe inquebrantable que te mantendrá de pie al recordar que tu vida —y todo lo que sucede en ella— está bajo el control de un Dios fiel que obra aun en medio del silencio.
Para pensar
¿En qué áreas de tu vida Dios te está llamando a descansar y confiar en Él?
Sirviendo para Su gloria,
Mónica

