Una lámpara no brilla porque es fuerte, brilla porque está conectada a la fuente

¿Alguna vez has tratado de encender una lámpara sin que esté conectada a la corriente? Por supuesto que no; es una pregunta tonta, lo sé. Sin embargo, a veces, como creyentes, creemos que podemos brillar y llevar adelante nuestro propósito en el mundo gracias a nuestros esfuerzos, al talento que tenemos, a la perseverancia y a nuestras buenas intenciones.
Se nos olvida que no podemos dar lo que no tenemos y también que no podemos producir luz ni brillar por nuestras propias fuerzas.
Necesitamos, como la Luna, que no tiene luz propia y refleja la luz del Sol, reflejar la luz de Dios en nuestras vidas. Si el Sol deja de alumbrar, nuestro querido satélite deja de brillar. Tú y yo no tenemos luz propia, reflejamos la luz de Cristo. Si dejamos de alumbrar o dejamos de brillar no es porque Él se haya apagado, es porque nos hemos desconectado de la fuente original. Puede ser por pereza, por pecado no confesado, por orgullo, por autosuficiencia, etc.
Si has perdido tu brillo, vuelve a Cristo
¿De dónde proviene la luz que reflejamos? Encontramos la respuesta en el Evangelio de Juan: «Jesús les habló otra vez, diciendo: “Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la vida”» (Jn 8:12).
¿Lo ves? Brillamos porque estamos conectadas a Cristo. Solo podemos dar Su luz, transmitir un mensaje de esperanza, gozo, fe y amor cuando estamos unidas a la fuente: a la Luz del mundo, Jesucristo.
Hermana, separadas de Dios no podemos hacer nada. Mira lo que dice Juan 15:5 «Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en Mí y Yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de Mí nada pueden hacer».
¿Quieres que tu vida alumbre en medio de la oscuridad de un mundo que está perdido? Refúgiate en Cristo, no te jactes en tus habilidades, dones, talentos u oportunidades. No trates de brillar con la poca energía que te llega por medio de publicaciones, carruseles, artículos o videos en las redes sociales.
¿Quieres que tu vida alumbre en medio de la oscuridad de un mundo que está perdido? Refúgiate en Cristo, no te jactes en tus habilidades, dones, talentos u oportunidades. No trates de brillar con la poca energía que te llega por medio de publicaciones, carruseles, artículos o videos en las redes sociales.
Mónica Carvajal
No trates de brillar con una luz artificial o prestada. Ve a la fuente original: lee la Biblia, medita en ella, ora la Palabra, corre a Cristo, Él te dará la sabiduría, la fortaleza y el gozo que tu vida necesita para poder llevar adelante el ministerio que Él te ha dado.
Deja que el Espíritu Santo obre en tu corazón y te ayude a habitar en la Palabra de Dios, a orar y a meditar en las verdades eternas que permanecen inamovibles y que te capacitan para poder tener una vida espiritual fructífera y resplandeciente de este lado de la eternidad.
Comparte la luz
Como hija de Dios no has sido llamada a recibir la luz y esconderla. Al contrario, has sido llamada a ponerla en un lugar alto para que alumbre. En el Sermón del monte Jesús dijo: «“Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos”» (Mt 5:14-16).
Recuerda que has recibido la luz de Cristo para poder alumbrar a quienes te rodean, llevar adelante las buenas obras que Dios preparó de antemano (Ef 2:10) y, de esta manera, darle gloria a Dios.
Sirviendo para Su gloria
Mónica
pd: este artículo fue publicado originalmente en la página de Mujer que persevera. Usado con permiso.

