By April 15, 2024 Read More →

El carácter de quién cree la mentira vs el carácter de quién cree la verdad  

Una comparación necesaria

Siempre he escuchado decir que las comparaciones no son buenas. Imagino que en un sentido esto es verdad. No es bueno comparar a un hijo con su hermano o con su mejor amigo, o compararnos como madres o como esposas. Comparar generalmente deja a una persona mejor que a otra, por lo menos ante los ojos de quien hace la comparación.

Sin embargo, hoy te quiero invitar a leer la lista que Pablo da en 2 Timoteo 3:1-5. Aquí él le comparte a su querido amigo y colaborador Timoteo, cómo sería el carácter y la conducta de las personas en los últimos días y le invita a vivir de una manera totalmente distinta.

Como madres necesitamos estar familiarizadas con lo que la Biblia enseña respecto a tener un carácter piadoso y a vivir con la verdad en mente. Espero que esta lista nos ayude a prepararnos para poder guiar a nuestros hijos en medio de los tiempos en los que nos encontramos.

Así que, te invito a ver de manera detallada el resultado en la vida de una persona que no cree y no acepta la verdad de la Palabra de Dios y el contraste con aquella que, por el contrario, cree y vive de acuerdo con lo que Dios nos revela en Su Palabra.

El carácter de quién cree la mentira

Pablo no duda en describir que los últimos días serán tiempos difíciles porque los hombres serán:

«Amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios, teniendo apariencia de piedad, pero habiendo negado su poder. A los tales evita» (2 Ti 3:1-5).

«Personas que siempre están aprendiendo, pero nunca pueden llegar al pleno conocimiento de la verdad» (v.7) y «que se oponen a la verdad (v. 8)». «Hombres de mente depravada, reprobados en lo que respecta a la fe» (v. 9).

Es una lista que describe de manera perfecta los tiempos que vivimos. Solo basta con leer los periódicos, abrir la cuenta de Facebook o Twitter, o incluso salir a la calle y empezar a observar a tu alrededor para darte cuenta de que el carácter moral del hombre va de mal en peor.

La manera como los jóvenes responden a sus padres, como las personas se aman, tanto que han convertido el amor propio y la autoestima en ídolos dignos de adorar aun cuando tengan que pasar por encima de cualquier otra persona.

La integridad está desapareciendo como agua entre las rocas. El hombre ocupa el «centro» del universo y se cree el dueño y señor de todo lo que le rodea.

Hay un desenfreno que ha llevado a dar rienda suelta al pecado tanto en privado como en público. Una preocupación exagerada por satisfacer los deseos y caprichos se ha apoderado de la mente de una gran mayoría de personas.

La fe se pone en personas, ídolos, dinero, mantras, en aceites esenciales, en posturas de yoga, en la posición de las estrellas, en cuanta cosa «novedosa» y con carácter de «Nueva Era» se aparezca por el camino, llegando a generar una falsa apariencia de piedad y de espiritualidad. El hombre busca acallar la conciencia que Dios le ha dado, tratando de sentirse libre y sin culpa.

Una oposición a la Verdad y el creer que cada uno tiene su «propia verdad», ha hecho que la fe y reverencia a Dios y a Su Palabra sean vistas con desprecio y como algo que hay que evitar para no vivir en el pasado o con una mentalidad arcaica.

Pablo, hace más de dos mil años vio lo que sucedería en estos últimos tiempos, y en medio de esa descripción tan triste y preocupante, comisiona a su amado hijo en la fe, Timoteo, a persistir en las cosas que había aprendido.

Pablo le recuerda a Timoteo que él había seguido su enseñanza, su conducta, su propósito, su fe, su paciencia, amor y perseverancia y también que había conocido de los sufrimientos y persecuciones de los que el Señor había librado al apóstol.

Pablo reconoce que «todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos. Pero los hombres malos e impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Tú, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido. Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús» (2 Ti 3:12-15).

Y aquí, en medio de ese versículo encontramos una verdad que nos sostiene en medio de los tiempos difíciles que vivimos. Aunque podemos ser perseguidos por nuestra fe y por vivir de una manera diferente al mundo que nos rodea, podemos estar seguros de que estamos en la verdad y de que conocemos la Palabra de Dios que nos da sabiduría y nos lleva a la salvación por medio de nuestra fe en Cristo Jesús.

Como madres necesitamos compartir estas verdades con nuestros hijos, especialmente los adolescentes, que están siendo bombardeados por las redes sociales y en la academia con una mentalidad progresista que anhela eliminar la palabra “VERDAD” del vocabulario.

Hermana, necesitamos ayudar a nuestros hijos a pensar en términos eternos y no simplemente en la satisfacción momentánea que se puede obtener al recibir la aprobación de quienes los rodean.

El carácter de quién cree la verdad

La mentira y el engaño dan lugar a una vida de pasiones desenfrenadas y a un carácter como el que nuestro amado apóstol Pablo describió hace unos cuantos siglos. La verdad, por el contrario, da lugar a una vida marcada por el fruto del Espíritu, una vida de verdadera piedad.

Así que, al comparar el resultado de creer la mentira con el resultado de creer la verdad contenida en la Palabra de Dios que «es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia[…]», podemos concluir que lo que necesitamos inculcar en nuestros hijos y en nuestras propias vidas en medio de estos tiempos es:

  • Un amor a Dios por encima de un amor al mundo, manifestado en alabanza, obediencia y adoración (Lc 10:27, Sal 99:1-5)
  • La generosidad (He 13:16)
  • La importancia de mostrar una conducta marcada por una actitud de misericordia, compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia acompañada de un carácter afable y apacible (Co 3:12, 1 P 3:3-4,8)
  • La Gratitud a Dios (Sal 136:1)
  • El amor a Dios manifestado en un corazón que le obedece (1 Jn 5:2-3, 2 Jn 1:6)
  • Un amor por la verdad (Jn 14:6, Sal 25:5, 119:160) que habla la verdad (Ex 20:16; 1 Co 13:4-6).
  • Un amor por lo bueno y un corazón que aborrece lo malo (Ro 12:9-10)

Esta no es una lista exhaustiva, pero espero que te hagas una idea de la manera como Dios quiere que vivamos en medio de los tiempos en los que nos encontramos.

Oremos

Padre, gracias porque en Tu Palabra podemos encontrar la descripción perfecta del carácter de los hombres de esta generación.

Gracias porque conocemos la verdad del evangelio y podemos vivir vidas piadosas en medio de una generación depravada y perversa.

Ayúdanos a ser luz y sal y a imitar el ejemplo de hombres y mujeres piadosas de otros tiempos.

Ayúdanos a ser madres que enseñen con el ejemplo y con fervor las verdades del evangelio a nuestros hijos, para que ellos puedan crecer y vivir de acuerdo con los principios y valores eternos.

Ayúdanos a no adaptarnos a este mundo, sino a transformarnos por medio de la renovación de nuestra mente, para que podamos hacer Tu voluntad que es buena, agradable y perfecta. En el nombre de Jesús. Amén.

Sirviendo para Su gloria,

Mónica Carvajal

Pd: este artículo fue publicado originalmente en la página de volvamos al evangelio

Comments are closed.