By September 21, 2022 Read More →

Hasta los reyes mueren

Hace unos días el mundo se despertó con la noticia de la muerte de la reina Isabel II. Sin lugar a duda, una mujer amada, respetada y valorada por su pueblo y por personas de diferentes lugares del mundo. No es de extrañar que el funeral haya sido visto por más de 41 billones de personas, y que presidentes y dignatarios hayan estado presentes en la abadía de Westminster para darle el último adiós a quien reinó durante 70 años en Inglaterra.

La reina Isabel II murió como lo hace toda persona que vive en este planeta. Atravesar por ese valle de muerte no es opcional, no se puede evitar pagando grandes sumas de dinero, ni teniendo a los mejores doctores a nuestra disposición, ni siquiera por disfrutar de todos los privilegios y oportunidades que el mundo pueda ofrecer.

Así como no puedes escoger nacer, no puedes escoger morir. No somos dueños de nuestras vidas, ni tenemos potestad para determinar si queremos o no, atravesar un valle que nos separará de nuestros cuerpos, esas moradas físicas en donde nuestra alma vive.  

Así como no puedes escoger nacer, no puedes escoger morir. No somos dueños de nuestras vidas, ni tenemos potestad para determinar si queremos o no, atravesar un valle que nos separará de nuestros cuerpos, esas moradas físicas en donde nuestra alma vive.  

@monicacarvajalconsejeria

La muerte no tiene preferencias, te alcanza seas joven o viejo, rico o pobre, rey o plebeyo. ¿Por qué?  El pecado es la respuesta. El Apóstol Pablo nos recuerda que «la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rom 6:23).

El pecado es tan horrible ante los ojos de Dios que Él prefirió ver a Su Hijo morir en nuestro lugar para cubrir la pena de nuestro pecado. Sabía que no había forma en la cual nosotros pudiéramos estar en Su presencia libres de culpa, porque incluso todas nuestras justicias son como trapos de inmundicia delante de Él (Is 64:6). Podemos ver la justicia de Dios en la Cruz ya que como dice Éxodo 34:7 «Dios de ningún modo tendrá por inocente al culpable».

La reina Isabel II, así como cualquier otra persona necesitaba confesar a Cristo como Señor y Salvador de su vida para poder disfrutar de esa vida eterna. ¿Lo hizo? No lo sabemos, tal vez quienes hemos creído en Cristo, la encontraremos en el cielo, si ella en algún momento de su vida confesó su pecado, se arrepintió y creyó de corazón que Jesucristo pagó su deuda en la cruz del calvario.

Algo que llamó mi atención durante los días que duró el cubrimiento especial de la BBC, es que en algunos actos públicos pudimos escuchar el mensaje del evangelio una y otra vez. Tal vez no hubo una explicación profunda o predicación de las porciones bíblicas leídas, pero la Palabra de Dios fue escuchada por millones de personas.

Estos son algunos de los versículos que se leyeron durante esos días:

Juan 11:25-26: «Jesús le contestó: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”».

  • Jesús promete que, al creer en Él, aunque muramos, viviremos y que Él es la resurrección y la vida. Esa pregunta que Jesús le hizo a su discípulo «“¿Crees esto?”», es una pregunta que toda persona debe responder en vida. De esa respuesta depende nuestra eternidad.  

Juan 14:1-9: «“No se turbe su corazón; crean en Dios, crean también en Mí. En la casa de Mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, se lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para ustedes. Y si me voy y les preparo un lugar, vendré otra vez y los tomaré adonde Yo voy; para que donde Yo esté, allí estén ustedes también.Y conocen el camino adonde voy.

 “Señor, si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?”, le dijo* Tomás. Jesús le dijo*: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí. Si ustedes me hubieran conocido, también hubieran conocido a Mi Padre; desde ahora lo conocen y lo han visto”» (Jn 14:1-7).

  • Jesús nos invita a descansar en Su Palabra y en la promesa de que Él está preparando un lugar para aquellos que le conocen. Él manifestó ser el camino, la verdad y la vida, por medio de Él podemos disfrutar de esa promesa de una morada eterna en la casa del Padre. Solo por medio de Él podemos ir al Padre y ser reconciliados con nuestro Creador. Solo en Él esta la verdad y solo al creer en Él podemos disfrutar de la vida eterna.

1 Timoteo 6:7: «Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él». Y Job 1:21: «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor».

  • La reina Isabel II, al igual que todas las personas en el mundo, tuvo que dejarlo todo. No se pudo llevar nada a la eternidad.

 1 Corintios 15:20-22: «Pero ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron. Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos.Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados».

1 Corintios 15:53-58: «Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: “Devorada ha sido la muerte en victoria.¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón?”. El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley;pero a Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, mis amados hermanos, estén firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que su trabajo en el Señor no es en vano» (1 Co 15:53-58).

  • Todo ser humano, debido a la desobediencia de Adán, nace en pecado, separado de Dios y se encuentra sujeto a la muerte como consecuencia de este. Pero hay esperanza, ya que todos los que creen en la muerte y resurrección de Cristo, el Segundo Adán, resucitarán y gozarán de vida eterna, perdón de pecados y victoria sobre la muerte.

Romanos 8:35-38: «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?Tal como está escrito: “Por causa Tuya somos puestos a muerte todo el día; Somos considerados como ovejas para el matadero”.Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó.Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro».

  • Al haber sido reconciliados con Dios por medio de la muerte de Cristo, podemos tener la certeza absoluta de que nada ni nadie nos puede separar de Su amor. Las circunstancias más difíciles, el dolor más agudo, la prueba más dura, ni siquiera la misma muerte, nos puede separar de Dios, porque en Cristo somos más que vencedores, Él pagó el precio, Él nos compró con Su sangre. Él se entregó en la cruz siendo completamente inocente, para que tú y yo, siendo pecadores y culpables, merecedores de la muerte y la condenación eterna, pudiéramos ser reconciliados con Dios.

Mateo 6:9-13: «“Ustedes, pues, oren de esta manera: ´Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea Tu nombre. Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.Danos hoy el pan nuestro de cada díaY perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal. Porque Tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre. Amén´”».

  • ¿Quién no ha leído o recitado de memoria la oración del Padre nuestro? Pensemos en esas palabras y lo que significan.

-Dios es un Padre para quienes creen en Jesucristo (9).

-Dios es el Rey eterno que está en el cielo y desde allí gobierna y dirige los asuntos del cielo y de la tierra. Él es santo y soberano (9-10).

-Dios es nuestro proveedor, a Él debemos acudir para recibir cada día lo necesario (11).

-Necesitamos Su perdón y confesar nuestro pecado. Podemos perdonar a otros porque hemos sido perdonados por Dios (12).

-Podemos contar con Su ayuda para guardarnos en la hora de la tentación y librarnos del mal (13).

-Reconocemos que solo a Dios le pertenecen el reino, el poder y la gloria para siempre (13).

Esta oración, que fue el modelo dado por Jesús a Sus discípulos, nos sirve de guía para saber cómo hablar con Dios y para saber quién es Él.

Así que, quiero terminar este mensaje, con la invitación del Salmo 34:8 «prueben y vean que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en Él se refugia!».

Si has llegado hasta aquí, quiero que sepas que oro por tu salvación, por tu alma y para que cuando llegue el día en el que Dios decida que tu tiempo en esta tierra debe terminar, puedas estar preparado para encontrarte con tu Creador, con la esperanza de que le puedas agradecer por ser tu Salvador y tu Padre Eterno.

Dios te bendiga,

Sirviendo para Su gloria,

Mónica Carvajal

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