By October 27, 2026 0 Comments Read More →

Un viaje que lo cambió todo: celebrando veinte años de gracia

Este año cumplo dos décadas viviendo lejos de la familia y de la tierra que me vio nacer: Colombia.

Han sido veinte años en los que he visto con claridad el amor y la fidelidad de Dios. Años que han marcado mi vida y me han hecho, en parte, la persona que soy.

Todo ha sido gracia: desde el momento en que decidí salir de Colombia a estudiar, hasta hoy, mientras estoy sentada frente a un ordenador, en medio de una larga lista de cosas pendientes por hacer.

Escribo estas palabras con gratitud a Dios por Su bondad y Su ayuda.

Imagen creada con IA

Emigrar no es fácil. Es una decisión que tiene consecuencias tanto para quien se despide como para quienes se quedan viendo desde lejos cómo una vida se aventura a lo desconocido.

Recuerdo aquellas primeras semanas en Madrid, cuando me costaba conciliar el sueño. Me sentaba a escribir tratando de poner mis pensamientos sobre el papel: buscaba ordenarlos, dar forma a lo que había en mi corazón, entender las implicaciones de la decisión que había tomado.

Una noche escribí: «No he perdido la fe», una reflexión sobre la pérdida de mi identidad, mi propósito y todo aquello que, hasta entonces, me definía. Esa noche descubrí que, a pesar de todo, no había perdido la fe.

Poco a poco comprendí que ese momento de crisis era un medio de gracia que estaba revelando la verdadera condición de mi corazón. La distancia física, la soledad y la pérdida de las etiquetas que hasta hacía poco me habían definido, se convirtieron en instrumentos que Dios usó para mostrarme que en realidad no lo conocía.

Creía que era hija de Dios. Al fin y al cabo, había asistido a la iglesia durante casi diez años, había leído la Biblia y había servido a varios pastores en diferentes iglesias y en algunos ministerios de jóvenes. Sin embargo, mi vida no reflejaba la de una mujer que había nacido de nuevo. Estaba convencida, pero no convertida.

Creía en Dios; sabía que existía, pero no le conocía. No había entendido el evangelio.

El Señor tuvo que sacarme de Colombia para que me tomara en serio los asuntos de la fe. En Su providencia y soberanía, me dejó sin nada, me apartó de todo lo que conocía y me permitió ver la Biblia no como un libro más, sino como el Libro de libros: el Libro que contiene palabras de vida eterna, en el que podía conocer a Dios y descubrir mi propio corazón.

Una reforma personal

La Reforma se celebra en octubre y en este mismo mes yo celebro el comienzo de lo que llegaría a ser una reforma en mi propia vida.

No, no fue en octubre cuando comprendí mi pecado y me convertí. Sin embargo, fue en octubre cuando Dios empezó a obrar en mi corazón. Poco a poco, fue preparándome para lo que sería un trasplante de corazón.

Fueron meses difíciles. Lloraba por las noches y me preguntaba: «¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué renuncié a todo? ¿Por qué estoy aquí, lejos de todo lo que he conocido? ¿Qué estoy buscando?».

Las respuestas llegaron poco a poco, cuando recibí un regalo, un libro maravilloso: El evangelio según Jesucristo, del pastor John MacArthur. Al leerlo descubrí que no había entendido el evangelio. No había reconocido que era una pecadora que necesitaba al Salvador y que mi vida no reflejaba la de una mujer transformada y moldeada por el evangelio. Me arrepentí de mi pecado, confesé a Jesucristo como el Salvador y Señor de mi vida, y una transformación completa tuvo lugar en mi corazón.

Dios había transformado mi vida. Me mostraba que lo necesitaba y que las etiquetas que había tenido en mi vida no me definían. Frente a mí había un propósito mucho más grande y maravilloso de lo que yo podía imaginar.

No me graduaría con honores de una universidad; no recibiría un título, recibiría una nueva identidad. Para obtenerla no tuve que estudiar, aprobar exámenes ni acumular méritos. Solo tuve que creer que Jesucristo dio Su vida en la cruz para pagar por mi pecado y hacerme hija de Dios.

Ahora tengo unas etiquetas que me llenan de gozo y gratitud. Etiquetas que nunca perderé, a pesar de mi pecado, de mi debilidad… a pesar de mí. Dios me las ha dado por el simple hecho de creer en Jesucristo como el Señor y Salvador de mi vida: Redimida, escogida, salvada, oveja rescatada, pecadora santificada, enemiga reconciliada. Huérfana adoptada. Hija de Dios.

Una invitación para ti

No importa si estás en la comodidad de un lugar conocido o si te encuentras lejos de tu zona de confort. Acércate a Cristo, lee la Biblia, permite que Su Palabra te hable y pídele a Dios que te dé fe para creer que Jesucristo murió para darte vida eterna y hacerte hijo o hija de Dios.

No te conformes con las etiquetas que te pone el mundo. Deja que lo que Dios dice de ti en Su Palabra sea lo que te defina. Esas son las etiquetas que te llevarán a disfrutar de esta vida y de la eternidad.

Gracias por estar aquí

Espero que todo lo que comparto a través de mis escritos y del canal de YouTube Biblia y Eternidad, te permita conocer al mismo Dios que me rescató y cambió mi vida: el Dios de gracia que tiene Sus brazos y Sus oídos atentos para escucharte.

¡Quiero celebrar contigo!

Para celebrar estos veinte años de gracia he creado algo muy especial. Suscribete a mi Substack Biblia y Eternidad, porque en el próximo correo te cuento de qué se trata.

¡Nos vemos pronto!

Sirviendo para Su gloria,

Mónica

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